Poesia, imatge i so


Poesia en llengua espanyola,
poesia que vaig aprendre de petit, a l'escola,
poesia que va captivar un esperit tendre,
poesia encara viva al cor del meu cor...

Caminos de la tarde
Volverán las oscuras golondrinas
Del salón en el ángulo oscuro
Coplas a la muerte de su padre
Qué tengo yo que mi amistad procuras
A Margarita
El viaje definitivo
Oda a la vida retirada
¿Cómo fué?
Antonio Machado
Gustavo Adolfo Bécquer
Gustavo Adolfo Bécquer
Jorge Manrique
Lope de Vega
Rubén Darío
Juan Ramón Jiménez
Fray Luis de León
Ángel Lázaro

Fons musical: Impromptus núm. 3 de Franz Schubert


 

Caminos de la tarde

ANTONIO MACHADO

Yo voy soñando caminos
de la tarde, las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas.

¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando viajero
a lo largo del sendero
la tarde cayendo está.

En el corazón tenía
la espina de una pasión,
logré arrancármela un día,
ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento
se queda mudo y sombrío
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.

Volverán las oscuras golodrinas

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar
y otra vez con el ala a tus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban,
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas no volverán.

Volverán las tupidas madreselvas,
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán.

Pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día,
esas no volverán.

Volverán del amor en tus oídos
las ardientes palabras a sonar.
Tu corazón de su profundo sueño,
tal vez despertará.

Pero mudo, absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido, desengáñate,
así no te querrán.

Del salón en el ángulo oscuro

GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve,
que sabe arrancarlas!

¡Ay, -pensé-, cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: "Levántate y anda"!

Coplas a la muerte de su padre

JORGE MANRIQUE

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,

cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.

No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;

allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Qué tengo yo que mi amistad procuras?

LOPE DE VEGA

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuántas fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud, el hielo frío,
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:
"Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto llamar porfía!"

¡Y cuántas, hermosura soberana,
"Mañana le abriremos -respondía-,
para lo mismo responder mañana.

A Margarita

RUBÉN DARÍO

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Este era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,

un kiosco de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y dice ella: "No hubo intento;
yo me fui no sé por qué;
por las olas y en el viento
fui a la estrella y la corté.

Y el papá dice enojado:
"Un castigo has de tener:
vuelve al cielo, y lo robado
vas ahora a devolver".

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: "En mis campiñas
esa rosa le ofrecí:
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí."

Viste el rey ropas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mi vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
mas lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: "¿Qué te has hecho?
Te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho,
que encendido se te ve?

La princesa no mentía.
Y así dijo la verdad:
"Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad".

Y el rey clama: "¿No te he dicho
que el azul no hay que tocar?
¡Qué locura!¡Qué capricho!
El Señor se va a enojar".

El viaje definitivo

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

... Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostálgico...
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

Oda a la vida retirada

FRAY LUIS DE LEÓN

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encara
mala lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado,
si en busca de este viento
ando desalentado
con ansias vivas y mortal cuidado?

¿Cómo fue?

ÁNGEL LÁZARO

Verás. Fue una tarde de invierno. Llovía
sobre la cubierta del negro vapor.
Estaba en silencio la vasta bahía,
tenían las aguas grisáceo color.

Como era muy niño yo entonces, mi padre
a bordo del barco me fue a acompañar.
Allá, tierra adentro, quedaba mi madre;
mis buenas hermanas, mi infancia, mi hogar...

Rasgando los aires, su acento bravío
lanzó la potente sirena. Temblé.
Mi padre, besándome: "¡Adiós, hijo mío!",
me dijo muy quedo. Lloraba y se fue.

Después, agua y nubes; la chusma grosera
de a bordo que grita: miradas de extraños;
gaviotas que gimen con voz agorera...
y yo, ni una lágrima. ¡Tenía trece años!


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